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Burkina Faso

Poner fin a la violencia contra mujeres acusadas de brujería

En 1994, a los 74 años, Habibou Sawadogo fue expulsada de su aldea tras ser hallada «culpable» de usar brujería para ocasionar la muerte de un niño. En 2011, Amnistía Internacional y sus asociados locales comenzaron a trabajar con los líderes de la comunidad para abolir la tradición del destierro. Mediante la participación y el diálogo, los pobladores pudieron comprender que estas prácticas violaban la dignidad y los derechos humanos de las mujeres. Como resultado de ello, muchas mujeres pudieron regresar a sus comunidades.

Vídeo producido por Amnistía Internacional (4.09 minutos).

En la sociedad mossi, la vida está regulada por prácticas y leyes consuetudinarias, mientras que los líderes tradicionales, llamados naabas, toman importantes decisiones que afectan la vida política, social y económica de la comunidad.

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«El día de mi expulsión, el siongo vino a mi casa tres veces. […] Finalmente, decidió que yo era responsable [de la muerte de un niño]. Tuve que marcharme inmediatamente de mi aldea para no perder la vida».

Habibou Sawadogo

«Terminar con esta forma de exclusión y de violencia contra las mujeres es un proceso que requiere la cooperación de muchas instancias: desde la legislación regional, nacional e internacional, hasta el trabajo de organizaciones de base popular, líderes tradicionales y miembros de la comunidad».

Moussa Ouedraogo, Amnistía Internacional de Burkina Faso

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LA CREENCIA TRADICIONAL
EN LA BRUJERÍA

Pese a la existencia de leyes regionales que protegen los derechos de la mujer, las costumbres tradicionales son más fuertes aún, y, por eso, la expulsión de mujeres acusadas de brujería sigue ocurriendo en las comunidades rurales de Burkina Faso. Para identificar a las personas —generalmente, mujeres ancianas— que supuestamente tienen poderes y los utilizan para causar la muerte de otros, se emplean rituales llamados siongo y zangogo. Las que son acusadas de brujería se ven expuestas a situaciones de discriminación y de violencia.

EL CUESTIONAMIENTO
DE LAS PRÁCTICAS TRADICIONALES
Y LA PARTICIPACIÓN DE LA COMUNIDAD

En 2011, con el apoyo del Mogho Naaba (Rey de los Mossi), Amnistía Internacional de Burkina Faso y sus asociados locales trabajaron estrechamente con las comunidades de las provincias de Kourweogo y Passoré para modificar esta práctica. Después de recibir formación en derechos humanos, dos de los líderes tradicionales del Rey visitaron las aldeas para dialogar directamente con los pobladores.

Mediante la participación activa en talleres, espacios de diálogo comunitario, obras en foros teatrales y programas de radio, comprendieron que las personas expulsadas de la comunidad nunca eran hombres, ni viudas o madres pertenecientes a familias poderosas.

El pueblo mossi comenzó a entender que esas prácticas estaban, mayormente, dirigidas contra ancianas pobres, analfabetas o aisladas de otros miembros de su familia. Reflexionaron sobre principios referidos a la igualdad, la dignidad y el poder, y reconocieron la existencia de un trato injusto, discriminatorio y desigual contra mujeres que ya eran marginadas en sus comunidades.

LOS RESULTADOS POSITIVOS
DE LA EDUCACIÓN EN DERECHOS HUMANOS

Solo en la provincia de Kourweogo, la práctica de expulsar a ancianas acusadas de brujería fue desapareciendo gradualmente en 16 aldeas de Boussé. Varias mujeres imputadas de hechicería no fueron desterradas y, en las provincias de Kourweogo y Passoré, muchas pudieron volver a sus lugares de origen. Asimismo, se creó un centro para albergar a mujeres de otras regiones del país condenadas al ostracismo, mientras esperaban el resultado de las negociaciones para permitir su reinserción y retorno.

Dieciocho años después de haber sido obligada a irse de su hogar, Habibou Sawadogo pudo volver a su comunidad y reunirse con su familia.

UN PLAN NACIONAL
PARA ABOLIR EL DESTIERRO

En 2012, el gobierno de Burkina Faso aprobó un plan de acción nacional para abolir la expulsión de mujeres acusadas de brujería. Este programa de cuatro años establece que el Ministerio de Acción Social y Solidaridad Nacional debe prestar asistencia jurídica, económica y psicosocial a las mujeres que han sido víctimas de esta práctica.

El Rey se dirige
al pueblo mossi

El 10 de junio de 2011, el Mogho Naaba proclamó:

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«No puedo aprobar, sobre la base de las creencias culturales o tradicionales, que se sigan violando los derechos humanos y la dignidad. En consecuencia, invito a todos los ciudadanos de Burkina Faso y, principalmente a quienes viven en las aldeas, distritos y regiones bajo mi control, a abandonar todas las formas de violencia y exclusión social contra las mujeres. Acojo y aliento todas las iniciativas que permitan la integración social de las mujeres excluidas de sus comunidades y las ayuden a retornar a ellas».

En 2006, Burkina Faso ratificó el Protocolo de la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos relativo a los Derechos de la Mujer, que compromete a los Estados a «asegurar el derecho de las mujeres ancianas a vivir sin sufrir violencia, abusos sexuales, discriminación por razones de edad, y a ser tratadas con dignidad».

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