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Transformar una escuela a través de los derechos humanos

Apelação es una localidad difícil, situada en las afueras de Lisboa, Portugal. La escuela del lugar, a la cual concurrían unos 650 alumnos de 5 a 18 años, se caracterizaba por el bajo rendimiento académico y los elevados niveles de violencia. Cuando el director implementó la nueva visión educativa de una «escuela integral», con un enfoque orientado a los derechos humanos, la institución se convirtió en un modelo de buenas prácticas; los estudiantes asumieron mayores responsabilidades, disminuyeron las conductas antisociales y mejoraron los resultados de aprendizaje.

Los maestros y profesores de la escuela participaron en programas de capacitación docente y aprendieron a fomentar la participación activa con herramientas y métodos de la educación no formal. La nueva filosofía de enseñanza puso a los alumnos en el centro del proceso de aprendizaje y priorizó la reflexión y el pensamiento crítico. Como resultado de ello, los maestros vieron una mejoría en los niveles de concentración en el alumnado y una merma en el hostigamiento, las conductas abusivas y las actitudes antisociales.

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«Comenzamos a sentir que se escuchaba y respetaba nuestras opiniones, y que la escuela y los profesores escuchaban. Entendimos que podíamos marcar una diferencia».

Wilds Gomes, exalumno de Apelação, hoy estudia Periodismo y Comunicación en la universidad.

«Cuando en el entorno escolar se empezó a reconocer el valor de cada estudiante, ellos también comenzaron a identificar sus debilidades y a convertirlas en fortalezas; esto transformaron sus problemas cotidianos en nuevas soluciones».

Maria Barbosa, exalumna de Apelação, hoy docente de la escuela y trabajadora social.

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El 11 de julio de 2008, la televisión portuguesa transmitió estremecedoras imágenes de un tiroteo entre pandillas rivales de comunidades africanas y romaníes en Apelação, un pueblo en los suburbios de Lisboa.

Los estudiantes de la escuela local iban a clase portando navajas, insultaban al personal y atacaban a los docentes y a sus compañeros. El director, Félix Bolaños, decidió poner en marcha una nueva visión y se propuso crear una «escuela integral» que reflejara el enfoque de los derechos humanos. Esto significó integrar los valores de los derechos humanos en todos los aspectos de la vida escolar, no solo el plan de estudio, sino también las políticas institucionales, los procesos de toma de decisiones, las relaciones con la comunidad, los métodos de enseñanza y el espacio físico de la escuela.

INVOLUCRAR A LA COMUNIDAD
DE LA «ESCUELA INTEGRAL»

En lugar de excluir a un vecindario que era hostil y a menudo violento, Bolaños abrió las puertas de par en par y alentó la participación amplia de toda la comunidad escolar. En lugar de ver a los alumnos como una amenaza, insistió en que eran una fuente de nuevas ideas, experiencias y capacidades. Sumó a voluntarios y funcionarios de la localidad, se asoció con una organización de base llamada Mais Cidadania (Más ciudadanía) para apoyar las actividades escolares y extracurriculares, e implementó un programa con financiación estatal dirigido a entornos sociales vulnerables. Los padres participaron más y los exalumnos asumieron tareas como facilitadores, para ayudar a los estudiantes a no desertar y a resolver problemas de conducta.

LOS ALUMNOS PROPONEN,
LOS ALUMNOS SOLUCIONAN

Se celebraron asambleas barriales y escolares donde participaron estudiantes, profesores, padres y madres, personal no docente, miembros del equipo de conducción y exalumnos. Allí, propusieron formas de mejorar la escuela y de conectar sus actividades con la comunidad extendida. Se creó un nuevo Consejo Estudiantil para debatir problemas, desarrollar soluciones y hacer escuchar la voz de los alumnos. Así, los estudiantes comenzaron a responsabilizarse de las dificultades que afrontaba la escuela.

Propusieron mejoras al plan de estudios y nuevas actividades extracurriculares dirigidas por el alumnado, como clases de danza, artes y deportes, que fueron aceptadas por la conducción escolar.

UNA VICTORIA QUE ESPERABA
LA OPORTUNIDAD DE OCURRIR

Diez años después de adoptar este enfoque innovador, la institución salió de los últimos lugares en el ranking nacional de escuelas. Se convirtió en un lugar donde todos se sienten respetados y se consideran capaces de contribuir a la sociedad. Las suspensiones y expulsiones de alumnos pasaron a ser medidas extraordinarias, y muchos estudiantes continuaron sus estudios en la universidad o mantuvieron su participación comunitaria. En respuesta a la interacción y al trabajo conjunto enfocado en metas compartidas, disminuyó la incidencia de tensiones raciales en la escuela y en el vecindario.

La escuela de Apelação se convirtió en una historia de éxito educativo que fue tomada como referencia en todo el municipio.

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